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Si buscas en Google qué es yoga, seguramente encontrarás muchas definiciones, tipos, ramas, beneficios y demás.  Todo está muy bien, está escrito para que nos hagamos una idea mental de lo que es, pero en realidad solo podrás saber lo que es cuando lo practicas.

Al final todo siempre es absolutamente subjetivo y lo que tratan las definiciones es describir con lenguaje algo que descubrirás es indescriptible.

Así que prefiero resumirte lo que ha sido el yoga en mi vida.

Mi camino en el yoga empezó hace 15 años cuando asistí a dos clases que debo confesar ¡Odie! Sí, no me gustó, no le encontré la gracia, no vi todo lo que la gente decía que era tan  especial. 7 años más tarde volví y me enamoré, ya son 8 años en este camino y ha sido una aventura hermosa.

Por supuesto hace 15 años esas dos clases de yoga me mostraron que yo no me sentía cómoda en mi piel, que mi energía estaba bloqueada y poco fluía, que mi mente estaba absolutamente aturdida con pensamientos llenos de dolor y malestar, y que buscaba una actividad física que me distrajera y me ayudara a sacar mi ira interna que no sabía que cargaba, y por supuesto para tener el cuerpo de revista. Todo eso me dijeron esas dos clases y por supuesto ni me enteré, no estaba lista para recibir toda esa información.

Volví 7 años más tarde y debo hacer otra confesión: por un mal de amor o como decimos en Colombia por un tusa muy brava.

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Mi búsqueda era tener algo de paz en  mi corazón, no sentir dolor así fuera por un ratico. Había conocido una linda amiga, Juliana que era profesora y me había invitado varias veces a su estudio para que probara. Otra gran amiga Manuela estaba interesada en empezar yoga, así que un día al fin nos animamos a ir a clase y de ahí no me han podido sacar

Empecé a asistir a clases,  experimentar diferentes estilos, dificultades, profesores, meditaciones, mantras, leer libros y mi vida empezó a dar un giro profundo y bello.  No sólo lograba la paz en el corazón que mi tusa requería, sino que empecé a pensar con más claridad, empecé a conocerme, a reconocerme, a estar confortable en mi piel, a aprender a estar en silencio conmigo misma, a evitar la distracción en lugar de buscarla, a reconocer a mi mente parlanchina y a mi mente en calma, a respirar de muchas formas y sus efectos en mi cuerpo y en mi ánimo, a aprender de humildad, de paciencia, a aceptarme, a quererme, a sentir mi ser espiritual, a comprender el amor y la compasión; y a (como diría un gran maestro que tengo en mi corazón a Francisco Ortiz) dejar de creer que Dios existe para realmente saberlo, sentirlo, comprender que soy chispa divina y que somos uno.

(Aquí cabe una aclaración importante, yoga NO es un religión, ni va en contra de ninguna, para mí es un camino de experimentar la propia espiritualidad, comprendiendo que es absolutamente personal y respetando la manera en que otros lo experimentan)

Cómo pasa todo esto? Practicando, siendo consistentes. Lo más lindo que hace el yoga es que te hace tomar conciencia de ti mismo, es un espacio de conexión que va más allá de lo que alguien te pueda decir con palabras. Lo que si te puedo decir es que una vez empiezas a despertar a ti mismo, a elevar tu conciencia no puedes volver atrás, es decir ya sabes en quien eres y en dónde y cómo encontrar tu bienestar. Yo tuve que parar mi práctica física algunos años por mis embarazos, pero la práctica de la meditación, la respiración y la espiritualidad en la manera que podía, no han parado porque el yoga va mucho más allá del mat o tapete, el yoga se aprende en el mat pero se práctica en la vida.

A propósito si además de salud, paz, autoestima, amor, maravillosos amigos, abundancia y alegría también quieres un cuerpo de revista, también lo puedes tener 😉

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